Soy de la opinión (¿ingenua?) de que la política es (¿debería ser?) una actividad muy noble y seria, que requiere una gran capacidad de trabajo para poder desarrollarla. También creo (¿espero?) que los políticos son personas honradas y fieles reflejos de la sociedad. Pero, a veces, nos encontramos con situaciones como todo lo que está pasando en el PP, hechos de una tremenda gravedad. También nos podemos encontrar con otras actitudes que son más sibilinas pero, a mí parecer, muy graves: los chiringuitos que se otorgan a los que dejan el poder o, al menos, la primera línea del poder. Por ejemplo, tres casos.
Jordi Sevilla, ex-Ministro de Administraciones Públicas y ex-persona de confianza de Zapatero. Deja de ser ministro, lo ponen de diputado, se cansa y lo "ficha" ni más ni menos que Price-Waterhouse. Con 53 años. Sin ninguna experiencia en empresas privadas (¿sin haber visto nunca una empresa privada?) y presumiendo de ese absoluto desconocimiento en una entrevista con "El País", en la que entre mucho jiji y jaja dice, entre otras lindezas, que no tiene ni idea de como utilizar la Blackberry que le han dado. Jordi Sevilla es funcionario ¿Por qué no vuelve a su puesto con normalidad?
Pedro Solbes, Vicepresidente y gran gurú económico del PSOE. De 67 años. Diputado. Dimite y se le busca un huequecito en un garito, medio público-medio privado, llamado Grupo Asesor Europeo Sobre información Financiera. Seguro que con poco trabajo y una buena nómina ¿No sería más lógico que se jubilase como cualquier español de su edad y que, si se aburre, colaborase en la formación de jóvenes economistas a través de conferencias o algo así?
Rodrigo Rato, ex-Ministro de Economía con los gobiernos del PP. Pierde su pugna con Rajoy para alzarse con el liderazgo del PP y se lo nombra Director General del Fondo Monetario Internacional. Un cargo muy importante de la economía internacional al que llega con el apoyo de los gobiernos europeos. Ejerce su cargo un par de años, se enamora de una joven periodista y abandona el FMI para estar junto a su amada. Eso sí, después de haberse asegurado de que cumplía el plazo necesario para irse con un mucho más que buen pellizco en el bolsillo. Tras unas cortas vacaciones (¿Luna de Miel?) empiezan a llover los nombramientos de asesor en numerosos bancos. Una vez más mucho dinero y poco trabajo. Creo que este es el caso más claro de utilización de los contactos e influencias que puede proporcionar la vida política.
Tres caras y tres nombres a título de ejemplo pero, por desgracia, hay muchas más. Ejemplos de actitudes que disgustan profundamente a los ciudadanos, haciendo que nos sintamos engañados y cabreados. Gente así con los que desprestigian la política y a los políticos. Si se abandona la vida pública, bien por discrepancias con los que ostentan el poder o bien porque se agotó tu ciclo, lo normal sería volver al puesto de trabajo de siempre: en la administración, la universidad, la empresa o como profesional autónomo. Y si no hay a donde volver, a reciclarse para buscar un nuevo espacio en la sociedad. Parece de sentido común. Lo otro no es más que un acompleta carencia de ética y honradez, personal y política.
Aunque también puedo ser yo el que esté equivocado. O puede que sea un completo gilipollas