El PSOE ha abandonado la alcaldía de Gijón tras 32 años en el gobierno local, lo hace a consecuencia de un polémico pacto entre las dos facciones de la derecha gijonesa: PP y FAC, que lleva a la alcaldía de Gijón a Carmen Moriyón. Desconocida en el mundo de la política pero una reconocida profesional de la medicina y asidua colaboradora de entidades caritativas locales.
Como gijonés espero que la nueva alcaldesa de mi ciudad tenga un mandato lleno de aciertos y saque adelante muchas cuestiones importantes como la reducción del paro, que consiga desarrollar con eficacia y agilidad el problemático Plan de Urbanismo o el Plan de Vías. Por supuesto espero que ponga en marcha políticas sociales para los más desfavorecidos y medidas que aporten transparencia a la gestión, que luche contra la corrupción y vea a los ciudadanos como parte fundamental para desarrollar su labor y no como un problema. Puesto a esperar incluso espero que los históricos enfrentamientos entre la derecha local no afecten a los ciudadanos, que Cascos modere sus actitudes personales y políticas, sin tomar Gijón o Asturias como su patio particular donde ejecutar sus vendettas. Que nuestras esperanzas no nos impidan ver que el líder del partido que se presentó vendiendo lo “nuevo”, lo “diferente” a los políticos de siempre, lleva 35 años siendo profesional de la política y con algunos momentos bastante oscuros en su largo historial.
Lo que espero como militante del PSOE es que esta derrota -tan dura- en Gijón y Asturias, al igual que en el resto de España, nos sirva para reflexionar todos, sin excluir a nadie. Reflexionar seriamente sobre lo que hicimos mal, donde fallamos y que errores cometimos, que prácticas políticas hay que descartar… sin recurrir al maestro armero de turno. Porque si en algo nos puede beneficiar este fracaso es dándonos la oportunidad para hacer un análisis riguroso de sus causas e intentar encontrar soluciones. Empezando por aceptar que hay que establecer nuevos y mejores lazos con los ciudadanos y acercarnos más a los problemas reales de la gente durante todo el año, no solo durante la campaña electoral. Siguiendo acto seguido por proponer, tanto desde el partido como desde las instituciones, nuevas políticas de empleo y de lucha rigurosa contra la corrupción.
Y ya que estamos en ello no vendría mal una auténtica democratización del Partido. Porque la reflexión necesaria no pasa por un Conferencia Nacional a la que asistirán los de siempre, hay que dedicarle todo el tiempo que sea preciso y abrirla a todos los militantes, sin excluir a los que no sean de confianza del aparato.
Esta es la única posibilidad de que las cosas no vayan a peor.


