Ya que son las fiestas de San Agustín nos decidimos a dar una vuelta por Avilés, a pesar que nos toco sufrir algún rato de lluvia volvimos a disfrutar mucho del paseo. Puede que Avilés sea la mas desconocida de las 3 grandes ciudades asturianas, pero desde luego merece una visita, el centro de la ciudad se presta a paseos tranquilos dejándose sorprender por edificios de todas las épocas que siempre tienen algo que decir. Nos tomamos una caña en la Plaza de Abastos espacio perfecto para ello y actividad que recomiendo.
De la zona mas antigua, donde aun perviven los soportales poco se puede decir que no se haya dicho ya, un casco antiguo magníficamente conservado y lleno de vida. Y en perfecto contraste con el Centro Niemeyer con su minimalista modernidad. pero una modernidad que obviamente lo seguirá siendo durante muchas décadas. Un espacio majestuoso y que da la sensación casi de vació, a pesar de estar poblado por 4 bellisimas estructuras que con sus formas limpias y curvas parecen estar vivas. Tuvimos la suerte que nuestra visita coincidiese con una exposición de Ouka Leele , que encajaba perfectamente en el sinuoso y acogedor espacio del vestíbulo del auditorio, ademas de admirar la obra de la gran fotógrafa nos vimos transportados a nuestra (ya lejana) juventud en los 80. Es una pena que los conflictos políticos y el escaso acierto en la gestión hayan impedido que el Centro Niemeyer desarrolle todo su potencial, un autentico lujo para los asturianos. Todavía tenéis el fin de semana para engancharos a la celebración de San Agustin.
De la zona mas antigua, donde aun perviven los soportales poco se puede decir que no se haya dicho ya, un casco antiguo magníficamente conservado y lleno de vida. Y en perfecto contraste con el Centro Niemeyer con su minimalista modernidad. pero una modernidad que obviamente lo seguirá siendo durante muchas décadas. Un espacio majestuoso y que da la sensación casi de vació, a pesar de estar poblado por 4 bellisimas estructuras que con sus formas limpias y curvas parecen estar vivas. Tuvimos la suerte que nuestra visita coincidiese con una exposición de Ouka Leele , que encajaba perfectamente en el sinuoso y acogedor espacio del vestíbulo del auditorio, ademas de admirar la obra de la gran fotógrafa nos vimos transportados a nuestra (ya lejana) juventud en los 80. Es una pena que los conflictos políticos y el escaso acierto en la gestión hayan impedido que el Centro Niemeyer desarrolle todo su potencial, un autentico lujo para los asturianos. Todavía tenéis el fin de semana para engancharos a la celebración de San Agustin.













