Estos días el Partido Socialista
Francés estuvo inmerso en el proceso final de elecciones primarias, dos
millones de militantes y simpatizantes eligieron a Hollande como candidato
socialista para la Presidencia de Francia. Uno, que lleva muchos años en el
PSOE, ve este proceso con mucha envidia y un punto de cabreo. Envidia al no
entender por qué en mi partido no existe ese mecanismo básico de democracia
interna, en un partido que siempre luchó por la democracia y en un país
democrático desde hace 33 años. Cabreo al ver que lo habitual en mi partido es
que los candidatos –tanto a cargos internos como a las instituciones- son
designados por un número muy reducido de militantes, mientras la gran mayoría
no tenemos ni voz ni voto en la designación de las personas que deberían
representarnos y menos aún en la elaboración de los programas electorales.
No deja de ser chocante que los
partidos políticos españoles sufran de serias carencias de democracia interna,
siendo como son un pilar muy importante para la propia existencia del régimen
democrático. Y viviendo como viven de subvenciones públicas. Una situación de
completo sinsentido para con la ética democrática, que debería estar regulada por
una ley en concordancia con la Constitución.
Espero que en el PSOE alguien
abandere muy pronto la generalización de la elección directa por los militantes
de los dirigentes y los representantes en las instituciones. Sería bueno no
solo para el mejor funcionamiento del partido, sino también para los ciudadanos
españoles que tendrían unos representantes de mayor nivel y capacidad. Desde
luego para quien no sería bueno es para las nomenclaturas de los partidos, que
siempre ven estos procesos democráticos como un elemento de inestabilidad interna.
Como lo demuestra una vez más lo que está pasando en Francia, creo que es justamente
lo contrario: es afianzar la organización, dar una representatividad interna real
mediante el debate público de sus militantes y simpatizantes, reforzar los
ideales acercándolos a los deseos y necesidades de la gente. Son
imprescindibles debates profundos en los que participe todo el que esté
interesado y que no estén limitados a las conferencia o Congresos, en los que
un número muy reducido de militantes (básicamente designados por los aparatos) decidan
programas y candidaturas a menudo muy alejados de los intereses reales de la
mayoría de los militantes y, por lo tanto, de los ciudadanos.
A ver si el proceso de
democratización interna se inicia en el PSOE cuanto antes, por coherencia
democrática y por eficacia, antes de que el partido llegue a estar en tal
situación de quiebra que ésta sea la única posibilidad de regenerarlo. Que
entre aire fresco en la organización y sobre todo ideas nuevas, pero para
conseguirlo tenemos que participar todos: los que llevamos muchos años y los
recién llegados, sin vetos ni exclusiones.






